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domingo, 14 de julio de 2013

Vacío


Vacío. Burdo e insensible vacío.
Soy un cúmulo interminable de Inexistencia;
un cáliz desbordante de Nada; 
un resplandor de obscuridad.

Soy el entendimiento de tu ausencia invencible;
La inactividad hija de tu pasividad absoluta.
Soy el hueco de tu aliento enlarvado;
el eco ahogado de tu inmovil corazón.

Soy la inercia del afán de olvidarte;
el salto hacia el abismo de tu carencia infinita;
La soledad de tu alcoba,
el polvo en tu sillón.

Soy el vientre cóncavo en que se engendran
los hijos que no tuviste;
soy el que no te dieron;
el amor que te inmoló.

Soy la paz inapetente;
la alegría indiferente;
el sufrimiento sin dolor.

Soy el vacío.
El burdo e insensible vacío que dejó tu adiós.
















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domingo, 20 de noviembre de 2011

El desamor es una urgencia total. Insensible. Insaciable. El desamor es el desequilibrio maniático que a todos llama desde el fondo de la inconciencia. ¿Cuánta felicidad sería soportable en un cuerpo? Es necesario abrir un hueco en el alma y echarlo todo a la mierda de vez en cuando; un boquete para que se hunda la nave: ¡DIOS! ¡Las eternas desgracias de los buques que llegan a puerto! ¡Los miserables que ignoran los corazones gangrenados! ¡Los que no han sentido los ojos supurantes de sanguijuelas repletas!

¡Qué tragedia esta de las almas plenas y felices! ¡Qué desperdicio de existencia la de los amorosos de París y buenas noches! De los hijos vehementes de Dios y sus espinas germinadas.

El desamor es un salvavidas en medio del océano derrotado. -El que no bate ni lucha. El que no vive-. Es la cuerda que rescata en la cima del monte conquistado. La asfixia que encuba del primer aliento. La gota de sangre que descompensa el corazón.





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miércoles, 16 de marzo de 2011

Iba a empezar por decir, simplemente, que estoy harta. El problema empezó cuando me di cuenta de que no sé de qué. Quisiera poder tener una lista de hartazgos que me ubicaran, al menos remotamente, para saber de qué puedo deshartarme y cómo.


Debiera empezar con deshacerme de él. Él tan férreo y empecinado que no deja de atormentarme las noches. Ese él de tantos nombres y tantos apellidos. El él de tantos “éls” enamorados, endiosados, con mis “ellas” inconsistentes. Mis ellas enfermizas, paranoicas y bipolares.


Quizá estoy harta de ellas y de Mi. De quien quiera que Yo sea, de cómo quiera que me llame. Estoy harta de merecerme lo que tengo y lo que me falta; harta de que me sobre también lo que merezco. Estoy harta de no saber si merezco algo, o lo he ganado, lo adeudo, me lo deben.


Soy y tengo lo que he dado. He dado lo que tengo y lo que soy. No encuentro dónde esconderme del vacío que traigo a cuestas; de esta nimiedad personalísima que se ha convertido en mi última posesión.









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domingo, 20 de diciembre de 2009

Conclusión Apológica

De pronto tengo la vida tan plena y tan incierta, que me da miedo. No sé en qué punto terminé parada en donde estoy, cargando estos pesos en mi espalda y sobándome las coyunturas de las alas. He aprendido –como nadie- que hay que tener cuidado con lo que se quiere y se pide –TODO lo que se quiere y se pide-, pues se corre el riesgo de obtenerlo básicamente en bandeja de plata.; que hay que pensar las cosas tres veces, más aun cuando implican a personas que amas; que mirando en retrospectiva todo tiene solución, y que veinte años no es nada. Esto no quiere decir, en lo absoluto, que entienda yo los motivos obscuros que mueven las fuerzas del Universo; los planes divinoides que rigen las cosas; el afán del destino de gozar y joder en intérvalos irregulares.

Estoy parada aquí, en medio de la nada; un ala rota y la otra erguida; un ojo turbio y el otro resplandeciente de fe. Estoy parada aquí, donde quizá yo quise encontrarme. Conforme con mi suerte e irritada con mi afán.

He crecido tanto. Soy y tengo tantas cosas que me faltaban. Puedo con tanto más ahora, que me sorprendo de mi talla tan pequeña. Tengo tantas ganas de escupirle a –él- mundo que soy capaz de lo entonces inimaginable que si no fuera por el miedo a insostener mi palabra, ya habría empeñado en mi empresa hasta la última molécula de mi ser.

Estoy aquí, caray, incierta. Sin saber qué quiero o si quiero, si he perdido o gané. Supongo, entonces, que no pueden tenerse respuestas. Que no hace falta estar en un lugar específico o en una determinada condición. Quizá, entonces, “estoy” –a secas-; quizá, entonces, “existo”; quizá, llanamente “soy”.





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jueves, 18 de diciembre de 2008

Pffff... todo Pfff!!

Ahora estoy interminablemente de malas. He concluido el día con un tedio inconcebible atravesado entre el esternón y el esófago. Quiero romperle la mandíbula al primero que se atreva a hablarme de cualquier cosa, aunque incluya lunas y estrellas. Hoy me enferma la belleza de todas, la ignorancia de los otros, la pedantez de los demás. Hoy detesto a algunos cuantos como no detesté antes; he concluido que la fantochez es ignorancia, que la venganza sabrá dulce, que el respeto se pierde en la primera oportunidad. Hoy estoy fuera de todos lados; tengo a la mano los teléfonos de todos, y no quiero marcar un solo número. Tengo la oportunidad de verme humilde y cambiar, y me importa un bledo si soy o no un asco de persona. No me importa si no me quieren, si no me aceptan, si me hacen mala cara o me levantan la voz.

Pueden irse todos derechito al diablo, y, si les queda cerca, les recomiendo hacer escala en La Chingada.





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