Usted, por pronto, es El Hombre.
El poeta que aún no amo.
Tarda.
Yo te espero.
Disfruto a veces de tu ausencia de días, de noches y tardes. Disfruto del amor que sospecho tenerte; del dolor que me causas y del miedo que me cuestas.
Disfruto de no amarte en lo absoluto. Del adiós este que tengo en la punta de la lengua. Del beso que no te he dado y del tiempo que me falta contigo.
Tarda, mi bien, no te preocupes. Yo mientras tiemblo frente a la ventana donde no apareces. Tirito con el frío de tu incertidumbre y con la violencia de tu paz.
Fáltame. ¿Qué serían los días sin tu amor para añorarle? ¿Qué serían los besos sin tu ausencia, la tristeza si tú estás? ¿Quién sería mi antes y después, corazón, si no te tardas? ¿Qué valor tendrían la vida y la desgracia si no sufriese de ti?
Tarda, mi bien, que yo espero. No espero nada, pero espero.
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A un amor perdido
y un amigo ganado
Lo conocí una noche oscura -de esas coincidencias caprichosas y sarcásticas que se le presentan a uno de vez en cuando- Yacía desparramado e inherte sobre una silla de jardín… invisible, superior y sobrehumano. Su hablar era sereno y absoluto, como si la oscura noche fuera eterna y única. Una noche sólo para hablar despreocupadamente, beber cerveza a sorbos y sobreexistir.
Y ahí estaba yo. Sorprendiéndome maravillada con su perfil estampado en el rojo cantina de la pered del tugurio; con el mundo inexistente fuera de la sucia puerta de madera, disfrutando su aroma y bebiendo embelesadamente su conversación. Carajo, estaba maravillada. Encandilándome con el brillo acuoso de sus ojos perdidos; resbalando graciosamente por el costado de su nariz perfecta y hundiéndome en los desvaríos exactos de su sinrazón. ¡Puta! ¡Qué embelezo tan folclórico y acigarrado, qué dicha tan etílica, qué somera infinidad!
El final se acerca ya Lo esperaré serenamente Ya ves, yo he sido así Te lo diré sinceramente Viví la inmensidad Sin conocer jamás fronteras Jugué sin descansar Y a mi manera. Jamás viví un amor Que para mí fuera importante Tomé sólo la flor Y lo mejor de cada instante Viajé y disfruté No se si más que otro cualquiera Si bien todo esto fue A mi manera. Tal vez lloré, tal vez reí Tal vez gané o tal vez perdí Ahora sé que fui feliz Que si lloré también amé Puedo seguir hasta el final A mi manera. Quizás tambien dudé Cuando yo más me divertía Quizás yo desprecié Aquello que yo no comprendía Hoy sé que firme fui Y que afronté ser como era Y así logré vivir a mi manera. Porque sabrás que un hombre al fin Conocerás por su vivir No hay por qué hablar, ni qué decir ni recordar, ni qué fingir Puedo seguir hasta el final A mi manera. |
Pues bien, parece ser que las pastillas hicieron su efecto y estoy lista para venir a escupir mis apreciaciones dosmilnueveanas…
Supongo que esta vez el recuento es muy diferente al del año pasado, sobre todo porque las expectativas que le tenía reservadas a este fueron asquerosas y para nada prometedoras.
Y de hecho así empezó el 2009, de forma asquerosa –y agregaría “repugnante”-. Gasté la primera mitad del año sufriendo en vano por cuestiones sentimentales. Estuve encerrada en una burbuja de amargura, tristeza y hostilidad. –Vaya que me hiciste sufrir, por cierto… quizá estemos a mano :P-
El año fue tan irrelevante en sus inicios, que solía sorprenderme en determinado momento dándome cuenta que no tenía una bitácora pormenorizada de los acontecimientos del año que transcurría, y comprendía, también, que no habían ocurrido las cosas emocionantes y completamente nuevas del año anterior.
Pero en fin, en la segunda mitad tomé decisiones que me fueron tan difíciles como necesarias, y ¡TÉNGALE! salí airosa. Me reencontré con aspectos que había dejado de lado y decidido ignorar deliberadamente, quizá porque va mejor con mi personalidad.. no lo sé.
En fin, para no hacer el cuento largo, de pronto el año se puso bien chido. El final ha sido exactamente lo opuesto al inicio, tengo planes, expectativas e incluso tranquilidad –algo por demás subestimado en estos días- , porque, además de “reencontrarme” con aspectos –míos- que deseaba ignorar, he conocido otros que, esos si, no tenía la menor idea de que existían o eran remotamente posibles.
He crecido, mis estimados, he crecido como no tengan una idea y, aunque también lo ignoren –e incluso aunque no lo quieran creer-, soy una persona bien pinche diferente a la que conocieron, y la verdad.. me gusta :D.
Bienvenido el 2010, y ¡¡AGUAS!! ¡¡¡Porque va a estar con requetemadres!!!
-Espero que también esté así el de ustedes :D-
Mis mejores deseos para todos, en esta etapa del año –nuevo y viejo- y en todas.
Chévere.
De pronto tengo la vida tan plena y tan incierta, que me da miedo. No sé en qué punto terminé parada en donde estoy, cargando estos pesos en mi espalda y sobándome las coyunturas de las alas. He aprendido –como nadie- que hay que tener cuidado con lo que se quiere y se pide –TODO lo que se quiere y se pide-, pues se corre el riesgo de obtenerlo básicamente en bandeja de plata.; que hay que pensar las cosas tres veces, más aun cuando implican a personas que amas; que mirando en retrospectiva todo tiene solución, y que veinte años no es nada. Esto no quiere decir, en lo absoluto, que entienda yo los motivos obscuros que mueven las fuerzas del Universo; los planes divinoides que rigen las cosas; el afán del destino de gozar y joder en intérvalos irregulares.
Estoy parada aquí, en medio de la nada; un ala rota y la otra erguida; un ojo turbio y el otro resplandeciente de fe. Estoy parada aquí, donde quizá yo quise encontrarme. Conforme con mi suerte e irritada con mi afán.
He crecido tanto. Soy y tengo tantas cosas que me faltaban. Puedo con tanto más ahora, que me sorprendo de mi talla tan pequeña. Tengo tantas ganas de escupirle a –él- mundo que soy capaz de lo entonces inimaginable que si no fuera por el miedo a insostener mi palabra, ya habría empeñado en mi empresa hasta la última molécula de mi ser.
Estoy aquí, caray, incierta. Sin saber qué quiero o si quiero, si he perdido o gané. Supongo, entonces, que no pueden tenerse respuestas. Que no hace falta estar en un lugar específico o en una determinada condición. Quizá, entonces, “estoy” –a secas-; quizá, entonces, “existo”; quizá, llanamente “soy”.
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Me falta vergüenza para robar las letras des-rimadas de una mujer vampira. No es que me des-sorprenda el dolor que le causen las balas solitarias que han engreído nuestra tierra, pero estoy acostumbrada a des-apreciar cualquier cosa que me descontente.
Es casi una pasión y por nada una descostumbre. Disgusto del afán de tantos de la publicidad más vana. La juzgo –dirán algunos- mas no la condeno (¿Quién podría condenar tanta pus y tantas yagas?)
He concluido en llamarle “el hombre del defecto”. No lo digo -quede claro- por la plata prematura que le enmarca las sienes, ni por la altura incómoda, los brazos delgados, o la mancha del sweater que llevó al salón.
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-Homo homini lupus-