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sábado, 11 de junio de 2011


Entonces el Diablo dijo,

Es necesario ser Dios

para que le guste tanto la sangre.

[José Saramago. El Evangelio según Jesucristo]



Desquicio bajo el riesgo de hundirme víctima del peso de mis raquíticos estudios teológicos; con la omnipresencia imposible de tantos y tantos dioses –finitos, famélicos, soberanos, destructores- acechándome en cada golpe de pluma –o tecla-.


No me obste para decir que no son dioses los dioses que se multiplican en la sangre de sus endiosados; que no hay pasión en las muertes de sus corderos –divinos o no; humanos o no-.

No hay Dios en los abandonos eternos, en los descuidos callejeros, en las coincidencias paupérrimas. No hay Dios en las obediencias injustas, en las tragedias impuestas y resignadas.

Que haya Dios en los valles; en las risas; los trinos; los orgasmos. Que haya Dios en las Vidas, las verdades, las desgracias sinceras y disfrutables.

Que haya Dios, mortales. Que haya Dios.








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domingo, 16 de mayo de 2010

El fantasma de la partidocracia

Mira, Alex, soy bien buena onda: un fragmento.

Lástima, te tocó la suerte de leer puras citas.

Meche: listo, he publicado "algo".



El término “partidocracia” surgió de la denominación italiana “partitocrazia”, que a principios de los sesentas entendía como tal a “las críticas que se hicieron recaer sobre los siguientes temas, relacionados todos con la actividad de los partidos en sus vínculos con el Estado; la merma del cuerpo electoral en su capacidad de toma de decisiones, como consecuencia del monopolio de los partidos; la práctica que consiste en obstaculizar los procesos de la legítima formación de la voluntad estatal, suplantada por los pactos y acuerdos entre los partidos; el desprestigio de la clase política y la aniquilación de la independencia de los legisladores en lo individual, la injerencia de los partidos en los órganos del Ejecutivo”.[1]

Diego Valadés considera que entre los factores que contribuyen a percibir negativamente a los partidos –y al Congreso-, derivando por ende en la desconfianza ciudadana, se encuentran “el interés de los medios por desprestigiarlos […]; la exacerbación de las tensiones propiciadas por el gobierno, con el Congreso y los partidos, para transferir a éstos las consecuencias de la ineptitud gubernamental; la incapacidad del Congreso para conducir proyectos viables de reformas institucionales y los numerosos episodios de corrupción en los partidos”[2]. En este sentido –señala el autor- , el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México realizó una encuesta sobre cultura constitucional; en los últimos tres lugares, -es decir, los organismos que mayor desconfianza generan-, se encuentran los diputados federales, la policía, y los partidos.[3] En opinión del autor, la desconfianza generada por estos factores, lleva a las sociedades a intentar “ciudadanizar” los procesos e instituciones políticos, considerando que la falta de relaciones con los partidos significa “una especie de certificado de calidad moral”, lo cual no únicamente se observa en las instituciones y organismos electorales, sino que se extiende a la ostentación de “candidatos ciudadanos” que algunos postulantes han realizado.

Como señalamos con anterioridad no han sido pocas las ocasiones en que se enlaza a las candidaturas independientes con la partidocracia y la consecuente falta de confianza en los partidos políticos; algunos autores, incluso, consideran que el abstencionismo es un fiel reflejo de la desprestigio de los organismos de interés nacional que ya no representan a los ciudadanos; “la gente opina que los partidos sólo buscan su bienestar e intereses, alejados cada vez más de los ciudadanos que no militan en ellos y aun en los que son sus miembros”[4].



[1] CALISE, citado por DE LA PEZA, J.L., “Candidaturas Independientes”, en “Tratado de Derecho Electoral Comparado de América Latina”, 2a. Ed. Nohlen, et al, comp. México, Fondo de Cultura Económica, 2007. Pp 613.

[2] VALADES, D. “Problemas Jurídicos de las Precampañas y las Candidaturas Independientes”

[3] CONCHA, H., et al, “Cultura de la Constitución en México”, México, UNAM, 2004, pp 62.

[4] LOPEZ LENA Cruz, H. Iniciativa de reforma que modifica el artículo 218 numeral 1 (…), disponible en http://www.gob.mx/wb/egobierno/egob_Iniciativas_de_Ley fecha de consulta 15 de febrero de 2010.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Dosmilnuevedades!

Pues bien, parece ser que las pastillas hicieron su efecto y estoy lista para venir a escupir mis apreciaciones dosmilnueveanas…


Supongo que esta vez el recuento es muy diferente al del año pasado, sobre todo porque las expectativas que le tenía reservadas a este fueron asquerosas y para nada prometedoras.


Y de hecho así empezó el 2009, de forma asquerosa –y agregaría “repugnante”-. Gasté la primera mitad del año sufriendo en vano por cuestiones sentimentales. Estuve encerrada en una burbuja de amargura, tristeza y hostilidad. –Vaya que me hiciste sufrir, por cierto… quizá estemos a mano :P-


El año fue tan irrelevante en sus inicios, que solía sorprenderme en determinado momento dándome cuenta que no tenía una bitácora pormenorizada de los acontecimientos del año que transcurría, y comprendía, también, que no habían ocurrido las cosas emocionantes y completamente nuevas del año anterior.


Pero en fin, en la segunda mitad tomé decisiones que me fueron tan difíciles como necesarias, y ¡TÉNGALE! salí airosa. Me reencontré con aspectos que había dejado de lado y decidido ignorar deliberadamente, quizá porque va mejor con mi personalidad.. no lo sé.


En fin, para no hacer el cuento largo, de pronto el año se puso bien chido. El final ha sido exactamente lo opuesto al inicio, tengo planes, expectativas e incluso tranquilidad –algo por demás subestimado en estos días- , porque, además de “reencontrarme” con aspectos –míos- que deseaba ignorar, he conocido otros que, esos si, no tenía la menor idea de que existían o eran remotamente posibles.


He crecido, mis estimados, he crecido como no tengan una idea y, aunque también lo ignoren –e incluso aunque no lo quieran creer-, soy una persona bien pinche diferente a la que conocieron, y la verdad.. me gusta :D.


Bienvenido el 2010, y ¡¡AGUAS!! ¡¡¡Porque va a estar con requetemadres!!!


-Espero que también esté así el de ustedes :D-


Mis mejores deseos para todos, en esta etapa del año –nuevo y viejo- y en todas.

Chévere.

martes, 25 de agosto de 2009

Un poco todavía

Aún nos amamos un poco, no queda duda. Todavía al vernos a los ojos, brilla aquella chispa que alguna vez nos unió. Podríamos volver ahora sobre nuestros pasos –que no es demasiado tarde- y tomarnos de las manos como antaño; cantar juntos a una sola voz. Podríamos, -aun- darle a nuestros hijos la paz de un mañana juntos; compartir la misma cama sin temer apuñalarnos por la noche; rescatar de las cenizas nuestro amor.

Aun podríamos convertir en cariño la sonrisa fingida, el abrazo incómodo, la hipócrita consideración. Podríamos salvar las discusiones encarnizadas que nos tienen el borde de la histeria; dejar morir nuestra rabia irascible y encontrarle un sustento a la razón.

Aún podríamos volver a amarnos. Queda en nuestra entraña un leve vestigio de pasión. Aún sentimos un aprecio fugaz que nos une remotamente; nos deseamos todavía un poco; latimos en el mismo corazón.

Nos amamos un tanto todavía.

–Aun no hay arma que destruya la ilusión-



-Homo homini lupus-

lunes, 27 de julio de 2009

La capacidad del No-Asombro

Hay frases que circulan de boca en boca, patéticamente. Se le ocurren a algún guionista de Televisa, y se multiplica como conejos en las gargantas y psiques de todos los intelectualoides conductores de televisión. Las repiten –casi- con anhelo febril de que se conviertan en realidad, y en pauta de vida para los pobres mexicanos televidentes.

El problema está cuando estos mexicanos televidentes tienen mente de esponja y boca de merolicos. Ahí surgen las grandes tragedias y catástrofes intelectuales, las ofensas a la lógica y la coherencia humanas –está bien, exageré-

Hace poco, una persona de estás quiso sorprenderme/abrirmelosojos en relación a lo que esta pasando en nuestro tan hermoso y glorificado Estado. El sujeto, después de describir ante el resto de los comensales las desgracias que asolan a la ciudad “a metralletas” –porque no “a manos”- de la PFP y el Ejército, cerró con broche de oro diciendo, -¡¡Qué digo diciendo!! ¡ORANDO! ¡¡¡Resonando como Heraldo Real!!!- la siguiente frase célebre, ajonjolí de todos los moles comunicativos: “Lo alarmante de todo esto es que se pierda la capacidad de asombro.” Y, ¡Dios! ¡NO! ¡Oh, NO!

Por su puesto que di las razones y argumentos lógico-jurídicos que sustentan mi tan divinizada ofensa, y el sujeto en cuestión se defendió dignamente -aunque sin fundamentos de peso y menos aun de sentido- pero para evitar hacer un guión de lo que sucedió y reproducir la discusión incluyendo los choques de copas y las interrupciones de los meseros, me limitaré a exponer simplemente mi punto de vista.

Ciertamente, nuestro estado –y nuestra ciudad- han sufrido un cambio social de grandes dimensiones en los últimos años. No es necesario hablar de ese mito de “la isla de la tranquilidad” en la que por décadas vivimos y creímos. Caminar solo por las noches sin ningún temor o consecuencia; hacer bromas sobre cómo era que los chihuahuenses “golpeábamos a quien nos trataba de asaltar,” y demás glorias hace tiempo perdidas. Hoy en día, tenemos cuota de homicidios, cuota de asaltos a mano armada, cuota de secuestros, y cuotas elevadas de camión. Ciertamente ya no nos importa. Los encabezados de los diarios dejaron de ser el número de personas muertas, lo mismo que dejaron de serlo en su momento las mujeres desaparecidas; ciertamente los niños comprenden esto como parte de su realidad, y ciertamente hay sectores de la población que encuentran alguna mezquina diversión en presenciar dichos acontecimientos, y guardar trofeos de cada una de las ejecuciones que les toca experimentar…. ¡Si! Simple y llanamente SI, eso es cierto.

Sin embargo, “lo alarmante” “el problema” no es “que perdamos la capacidad de asombro”. La capacidad de asombro no tiene ninguna consecuencia relevante, en términos reales. No representa sino una consecuencia moral; una lamentación en el plano humano, y por tanto subjetivo de la población. La capacidad para asombrarse no debe de ser factor de relevancia para que la autoridad haga o no su trabajo. El hecho de que seamos un pueblo de insensibles, o uno de nenes llorones, no debe ser obstáculo ni aliciente para que se aplique y ejerza la ley.

Lo alarmante está en el simple hecho de que estas cuestiones se hayan presentado y sigan presentándose. Que la primera ejecución en la vía pública se justifique diciendo “¡Ah! ¡Qué más da! ¡Se matan entre ellos!” para, por tanto, aplaudirse casi como una justicia divina, y lavarse las manos cual Poncio Pilatos. Lo alarmante es que haya más de un caso, que permitallegar a la apreciación de que “se ha perdido la capacidad de asombro:” de haberse erradicado los fenómenos que ahora nos no-sorprenden, no habría con qué cuantificar la indiferencia que nos embarga, y que nos han pregonado como terriblemente trágica.

¿Qué caso tiene que la sociedad se alarme, se indigne, saque la ropa blanca para manifestarse un domingo, si la autoridad va a actuar de la misma ineficiente manera en qe lo ha hecho anteriormente? ¿Tiene caso que digamos WOW con los ojos pelonesv -O.O-, cada mañana al ver el periódico? ¿Que estemos tan espantados y sobresaltados que nos quedemos en nuestras casas los fines de semana, abandonemos el Periférico de la Juventud por un ficticio toque de queda, y esperemos ver salir a la Procuradora en televisión para asegurarnos de que no está secuestrada? ¿Es realmente esto lo preocupante? No. Lo alarmante es que la policía responda a los llamados 2 horas después de que han sido realizados. Que los testigos no declaren, que las victimas no denuncien. Que la autoridad se vea limitada ante la fuerza de sus adversarios, que los delincuentes se burlen del estado de derecho; ¡Que las autoridades se burlen del estado de derecho! Ver a los militares patrullando dentro de vehículos municipales, que la PFP irrumpa en viviendas sin orden de cateo. ESO es lo alarmante, no que ya no nos persignemos al escuchar que han muerto otros 15 más.

Concluyo pensando, que la única relevancia que pudiera tener nuestra –perdida- capacidad de asombro, radica en que si fuéramos un pueblo valiente, nos indignaríamos y reclamaríamos soluciones hasta obtenerlas. En esa improbable hipótesis, tendría fondo y relevancia la “alarma” que tantos han adoptado como propia y que se le ocurrió a algún mercadólogo de televisión.

Mientras, que no me vengan con moralismos de que lo trágico y resaltable de nuestras recientes desgracias es que hoy nos interesa menos la vida de los otros. Ahora resulta que a alguien se le ocurre decirlo, y ya todos traen como novedad que la muerte ajena nos importa un bledo. No seamos hipócritas, ¿Cuándo nos ha importado más que eso?





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lunes, 22 de junio de 2009

Deseo y Trabajo

Cuando bajamos de las montañas,
cargando en nuestras mochilas
a nuestros muertos y a nuestra historia,
venimos a la ciudad a buscar la patria.
La patria que nos había olvidado
en el último rincón del país;
el rincón más solitario,
el más pobre,
el más sucio,
el peor.
Subcomandante Marcos, 1994
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¿Cómo puede una persona orgullosa de su tierra decir que vive en el peor de los rincones? ¿Cómo puede atreverse a llamarlo el más sucio de los mismos; el último? ¿Dónde radica la razón del cuantitativo de lo malo? ¿Una tierra verde, con agua, recursos, futuro, puede llamarse la peor de las tierras?

No puedo dejar de pensar en los antepasados que nos dieron – no patria- sino estado. ¿Qué fue de aquellos vencedores del desierto que años después de iniciada la colonización vinieron a morir de sed entre nuestras dunas? Aquellos verdaderos valientes, desterrados del centro y del sur que vinieron a surcar mezquites y a esquivar desgracias. Ellos, los que verdaderamente fueron escupidos al peor de los rincones, al más seco, al más odiado, al PEOR. Mi gente –nuestra gente- trabajó y trabaja porque no le queda de otra. No tenemos manera de estirar la mano a pedir pan, agua, limosna. Nuestra tierra nos ha hecho reacios, tercos, gruñones. Para nosotros no hay más grande ofensa que un hombre que no trabaja, que pide sin merecer, que se queja sin razón alguna. Afrontamos y superamos. El clima nos ha moldeado. La sed y el desierto se nos ven en las sienes y nos obligan a arrancarle vida a esta tierra yerma a punta de esfuerzo y perseverancia. No tenemos tiempo de gastar energías en lo que no lo merece, lo que no nos llene la boca de pan, las manos de callos. El norte se ha construido a si mismo, y una vez ufano y engallado a construido para los demás.

El norte es ahora rico, ha surgido de la más absoluta de las pobrezas. Aún así, los ricos, -los verdera y originalmente ricos- se atreven a jactarse y regodearse en su pobreza. Se llaman olvidados, abatidos, víctimas, merecedores. ¿Qué hicieron 500 años antes? ¿Cuándo decidieron vivir de lo que cualquiera les diera –llámese naturaleza, o gobierno-? ¿Cómo se permitieron llegar hasta ahí? No quiero menospreciar ni desdeñar a la gente –aquella gente- que viva a horcadillas en las esquinas del sur de nuestra patria. La gente que tenga hambre y carezca de un gobierno que le responda. Pero este será el problema de esa gente: buscará por siempre que el gobierno le responda, como le ha respondido la vida eternamente; se cruzará de brazos esperando soluciones, sin jamás salir a buscarlas en donde deba. Las buscará, al contrario, en las armas, la exigencia y la violencia, pero nunca en el empeño, el trabajo, la superación. Esta gente –aquella gente- estará condenada por siempre a ser un lastre para los nuestros. Nos pedirá y a regañadientes le daremos, nos gritará y como siempre la ignoraremos, nos toleraremos en nuestro idílico arraigo domiciliario hasta que aquellos mueran de hambre debajo de algún platanar.

¡Qué grandes son las diferencias de nuestra gente y nuestra tierra! Quizá sea eso lo que nos tenga amarrados en la casilla en la que estamos. Algunos queremos salir adelante, y lo hemos hecho histórica y consuetudinariamente; otros se han aferrado a ser las eternas víctimas del cuento, y demandan ser indemnizados por quién sabe qué antiguo pesar.

Señores: Si viviésemos nosotros en aquel olvidado y peor rincón de ustedes, y lo convirtiéramos en lo que hoy es nuestro seco y arenoso paraje, vendrían entonces a quejarse, demandar, lloriquearnos con tierra en la sonrisa y la tez azulada, pues jamás habrían buscado mejora alguna para la tierra yerma en la que viviesen. Nosotros les diríamos ¡Pobres! ¡Desafortunados! ¡MALDITOS!, ¡Que busquen mejores tierras; mejor provecho; mejor condición!.

¿Qué les falta? ¿Qué les negó la naturaleza? ¿Qué no les han dado? Les falta Deseo, señores, Deseo y Trabajo.
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miércoles, 10 de junio de 2009

Estrés

Pfff! Ayer fue un día dificil. Lo peor es que fue un día estresantemente difici.

Seguramente es culpa de que voy a termnar la carrera... no sé ... , y que empieza uno a preguntarse si el lugar en el que está parada es el más conveniente. Puedo decir que me gusta lo que hago, pero hay cosas que seguramente disfrutaría más, y circunstancas que en definitiva me molestarían menos. He intentado acercarme a esas cosas paradisíacas que se representan en mi mente... cada vez con más fuerza, y sé que irremediablemente terminaré haciendo lo que disfruto, y ensima de todo, cobrando por ello, sólo tengo que poner más ahínco en mi empresa, y comprender que en gustos se rompen géneros.

Alguien me dijo que no habia que trabajar para vivir, sino al contrario. Sé que suena enfermizo de primera instrancia, pero no se asusten, en realidad es cierto. El trabajo debe de ser algo tan gratificamente, que el salario percibido por él sea solamente un aliciente para no descalzarse y pedir dinero en las esquinas.

También supongo que no se puede quedar bien con todos, y que uno mismo debe de saber ponerse altos. No vale la pena perder la cabeza por un buen cúmulo de cosas, y las consecuencias derivadas de muchas tragedias, no tienen precisamente esa característica... sino que a uno le gusta escandalizarse y disfrazarse de fatalista. Las cosas no están para tanto.

Bueno, esto no fue sino un escape, como se podrán dar cuenta, jaja.



Paz

domingo, 17 de febrero de 2008